Los últimos rayos de sol del día cruzaban como tiburones, esta vez quiero probarlo a tu manera. Irrumpiste en mi vida y me gustó, nos revolcamos en el fango de nuestra felicidad, yo estaba empapada de rendición...entonces hubo una separación de las cosas y la tierra se quedó a oscuras. Jamás volveré a dormir.

sábado, 16 de octubre de 2010


Cuando te contemplé,

ibas meciéndote entre pérdidas y despedidas.

Yo tenía los pies helados.

Compusiste una reverencia,

y me invitaste a danzar el Valls de los dichosos.

Yo preferí los malabares.

Así nos enredamos en el baile de los miserables.

Me afané del cristal de las aguas y fingí…

“¿No ves que soy de sangre azul?”

Jugamos el juego de las dulces palabras necias

y mientras tanto injuriaba cada uno de tus actos.

Las dudas se tornaban a mí alrededor,

Y saqué los ases de la manga, cavé tu tumba

y grabé tu lápida una y otra vez.

Te brindé los motivos de fuga,

Y cuando me diste la espalda… para que vuelvas.

“No extiendas tu mano, ¿no ves mi sangre azul, azul?”

Cuando hube de reconocer mi miseria,

Mi humanidad,

Te di la media vuelta por los hombros,

Te empujé y condené.

Y con vos cesaron todos los reclamos de mi conciencia.

“¿No ves?, yo creía tener sangre azul.”

Ahora tu figura se desdibuja a lo lejos,

Entre los edificios, los monstruos de la urbe,

Y ya no voy a darte los motivos.

No necesito la ruindad de esta danza muerta.

“¿No ves? Soy humana, yo no tengo sangre azul”

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